Mi tía Cristina,
Es una filipina.
En el fondo de su corazón,
Lleva un empollón.
Lo conoció en primavera,
Cuando estaba a su vera,
Comiendo una pera,
Porque era la más bella.
En la siguiente estación,
Compro un violón,
Para regalárselo al empollón,
Y se subieron al furgón.
“furgón, furgón, furgón…
¿Dónde vamos tú y yo?
¡No encenderemos un fogón!”
“no, no, no…
No estropeemos nuestra pasión”
Antes de llegar al invierno,
Descubrió su reino,
Mientras que su amado,
La dejaba plantada,
En el muro del Facebook,
Seguía sentada.
Ya POR FIN llega el invierno,
“¡OH dioses del infierno,
Dadme el fuego para encender el fogón,
Y asar al pobre empollón!”
Y a esa tía Cristina,
Le gustaba la gelatina.
Tenía su hermana, Helena,
Vaya pena,
Qué condena…
Era amiga del empollón,
¡¡qué emoción!!
De su fin guardaremos el secreto,
En plan perpetuo.
Y vuelve la primavera.
Y con su hermana, Helena,
¡Montaron una gran verbena!
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